"Raúl Sanz y Rogelio Olmedo son amigos desde niños. Un otoño de hace años se fueron a trabajar a Poleñino, en los Monegros Oscenses. Habitan una casa solariega y tienen habilitada una nave como fragua. Los muebles que diseñan y construyen tienen vocación de ser plantados en el monte y no hacer ruido."
Esa es su propuesta, la de proyectar y construir objetos funcionales con la intención de transmitir calma, sosiego..
Son dibujos tridimensionales en hierro forjado, batidos en toda su superficie a base de martillo y yunque, que delata su necesidad de tiempo y elaboración, así como de su voluntad de atemporalidad.
Su estética es determinada por los elementos, por la evocación de esas formas que el mar, el río, el viento construyen y luego desnudan, a base de tiempo.
Esta intervención, este modo de mirar, de hacer. Los ha llevado a desarrollar diferentes técnicas y a los cantos rodados tan característicos. Que confiere a las piezas rotundidad y una singularidad inusual, al tiempo que su sencillez les autoriza a permanecer en casi cualquier ambiente.
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